La traducción o la vida

De prioridades, dilemas, aciertos y equivocaciones

Arrivederci, traducción

Goodbye, adiós, au revoir…

Es curioso cómo en la mayoría de idiomas el adiós no es definitivo, sino temporal (hasta la vista, hasta más ver…). Quizás por eso, porque sé que un adiós no es como un «de este agua no beberé», me cuesta un poquito menos decir adiós a la traducción.

Además de la carrera (que ya me costó un par de años más de lo habitual), llevo 6 años en este mundillo, primero como autónoma y luego junto a mi queridísima socia Cristina Aroutiounova en esa maravillosa aventura que llamamos Magnolia. 6 años que, para qué engañaros, no han sido fáciles: he aprendido lo que no está escrito, he disfrutado como una niña, he crecido como persona y como profesional… pero han sido 6 años en los que cada día había que sacar fuerzas y motivación para seguir adelante.

Sin duda, lo mejor de estos 6 años ha sido descubrir que, a pesar de ser profesionales solitarios (quizás precisamente por eso) los traductores tenemos muy, muy desarrollado el sentido del compañerismo. Mis compañeros no solo han sido mi apoyo, mi enciclopedia y mi mejor compañía, sino que han sido también mis mejores clientes y prescriptores. ¡No puedo estar más contenta de haber pasado estos años tan bien acompañada!

Sin embargo, todo esto no ha sido suficiente contra la evidencia de que, aunque la traducción como profesión me encanta, no despierta en mí la pasión necesaria para pelear por ella cada día contra viento y marea, contra clientes que no quieren invertir en traducciones de calidad, contra los que lo quieren todo para ayer. Ojo, que no estoy echando la culpa a esos clientes ni estoy diciendo que todos sean así, sino que YO y solo yo no he conseguido encontrar la motivación para seguir buscando a esos clientes ideales, para seguir peleando para dedicarme a esto toda la vida.

Lo cierto es que nunca me ha seducido esa idea.

Pero no lo sabía.

A veces, cuando la vida te plantea decisiones difíciles, te toca plantearte la vida entera. A veces, cuando algo va mal, es que tiene que ir mal para que puedas avanzar.

Adoro los idiomas, adoro poder comunicarme cuando voy de viaje y jugar a hacerme pasar por local imitando el acento y la cadencia. Adoro la gramática y la etimología. Pero no lo suficiente.

Conoceros a todos vosotros también me ha hecho darme cuenta de que ese amor que yo creía tan absoluto no llega ni a la suela de los zapatos de la pasión que sentís muchos por esta profesión, por todos sus recovecos, por sus luces pero también por sus sombras: por las noches en vela y los fines de semana en pijama trabajando. La pasión hace que todo eso importe muy poco.

¿He descubierto por fin mi pasión? No creo que las personas tengamos una única pasión absoluta. Creo, más bien, que en cada etapa de nuestra vida nos sentimos atraídos por un ámbito que sobresale de entre los demás, y lo convertimos en nuestra pasión pasajera. ¿Cuánto durará? Nunca se sabe, pero para disfrutarla al máximo debemos exprimirla desde el primer momento. Quizás mi pasión por los idiomas se diluyó después de unos años universitarios decepcionantes y, aunque me tomé un descanso para reponerme, no quise ver que esa pasión nunca iba a volver con la misma fuerza.

Mi pasión, esa faceta de mi vida que ahora sobresale, tiene mucho que ver con el trabajo que he desarrollado en Magnolia, donde escondí a la Marta traductora y dejé salir a la Marta gestora, la que dirige, la que organiza. Me di cuenta de que la mayoría de los problemas vienen, en última instancia, de una falta de organización o planificación, de esa imposibilidad de sentarse a pensar un ratito antes de actuar para descubrir cuál es la mejor manera de proceder. Así que quiero ayudar a la gente a evitar problemas, a ser más felices, a utilizar mejor su tiempo, a aprender a invertir tiempo en sí mismos y en sus decisiones y tareas, sin sentirse empujados a empezar a actuar sin haber pensado antes.

Quiero poner mi granito de arena para crear una sociedad más feliz, más tranquila, más concienciada. Más organizada y más productiva. Y eso no significa perder la chispa, la espontaneidad, la personalidad.

Si tienes curiosidad en saber en qué ando, visita mi nueva web www.baransuorden.com.

Y tanto si tienes curiosidad como si no, si eres uno de los muchos amigos traductores que he conocido en estos 6 años, recibe todo mi cariño y mi gratitud, y ten por seguro que nos volveremos a ver, porque el adiós nunca es definitivo, porque siempre significa «hasta la vista».

Os quiero, leñe

Os quiero, leñe (¡y a todos los que no están en la foto también!)

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