La traducción o la vida

De prioridades, dilemas, aciertos y equivocaciones

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Gente maja a más no poder

Hace unas semanas, recibí un encargo de esos que me encantan a mí: la traducción EN>ES del manual de una escafandra de buceo. Me gustan este tipo de trabajos porque me permiten descubrir «mundos» que, de otra manera, quizás ni siquiera me plantearía que existen. Lo que no sabía es que, además de aprender, estos encargos te permiten conocer gente estupenda, que ama tanto lo que hace que no tiene reparo en utilizar su tiempo en ayudarte, aunque sea a cambio de nada. ¡Ay, si el mundo se llenara de gente maja, qué distintas serían las cosas!

Cuando digo "escafandra" os imagináis esto, ¿a que sí?

Cuando digo “escafandra” os imagináis esto, ¿a que sí?

Para empezar, querría explicaros que una cosa es el buceo recreativo (el de «ver pececitos»), otra es el técnico (inmersiones un poco más complicadas, como por ejemplo en cuevas, en las que las medidas de seguridad son muy importantes) y luego está el buceo profesional que es, como su propio nombre indica, una actividad laboral (recoger muestras, algas, etc.; hacer perforaciones, obras o drenajes…). Cuando este último tipo de inmersiones se prolongan en el tiempo o se hacen a mucha profundidad (o ambas cosas), se requiere el uso de la escafandra, lo que permite al buzo recibir aire por un cable desde la superficie y, así, evitar tener que cargar con tantas botellas de aire comprimido.

Hasta aquí todo bien, pero resultó que el nivel de especialización del texto sobrepasaba mis capacidades documentales, con lo que necesité consultar a expertos. Pero, ¿cómo narices encuentro yo a alguien que haya buceado alguna vez con escafandra y que, además, sepa cómo se llama cada pieza, cada procedimiento? Muy complicado, oigan.

Pero nada hay imposible para una traductora cabezota. Una, que tiene muchos contactos, conoce a un buzo profesional, Abraham, pero resultó que no tiene internet en su casa (vive en Asturias), así que me resultaba muy, muy difícil preguntarle mis dudas por teléfono, sin el apoyo de las fotografías y sin poder enseñarle el contexto, así que él, más majo que todas las cosas, me dijo que buscaría algún colega que anduviera por mi tierra para que me echara un cable. ¡Qué maravilla! Les debo un gintonic.

Pues es este casquito tan moderno el que tiene la culpa...

Pues es este casquito tan moderno el que tiene la culpa…

Mientras tanto, una amiga me comentó que había una escuela de buceo (GISED) en la Albufereta de Alicante y que, creía, uno de los que la llevaban era buzo profesional. Allá que me voy con mi portátil y mi lista de dudas. Me encuentro que no hay nadie, porque están en una inmersión, pero vuelven en seguida. Con mi mejor cara de corderito, le comento al chico (Alfonso) mi problema, creyendo que me iba a mandar a freír espárragos, pero, para mi sorpresa, ¡estuvo encantado de ayudarme!

Me enseñó las instalaciones y los equipos que usan y, aunque no es buzo profesional, se pasó dos horas (¡dos horas!) conmigo solucionándome dudas. Incluso, cuando vio que había cosas que se le escapaban, llamó por teléfono a otros miembros del club. Uno de ellos, Agustín, incluso echó mano de un manual que tenía en casa para solucionarme algunas preguntas. Vamos, que beso el suelo por el que pisan. Y les debo una cerveza.

Aunque me llevó bastante tiempo hacer todos los cambios y mejoras que me propusieron (tanto que no me dio tiempo a quedar con el amigo de Abraham), creo que finalmente quedó un manual estupendo.

De esta guisa me imagino cuando traduzco cosas de buceo

De esta guisa me imagino cuando traduzco cosas de buceo

No era la primera traducción de este ámbito que hacía, pues hace ya unos meses, tuve que traducir el manual de un «jacket» (ese chaleco en el que va anclado todo lo que necesita un buzo). Me encontré con un término que no conseguía encontrar en español y, siguiendo mi costumbre de preguntar antes que nada, llamé a una tienda especializada, donde un amabilísimo muchacho llamado Ricardo, al que le debo un café, me solucionó la papeleta en cero coma.

Así que, después de cumplir con todas las invitaciones que tengo pendientes (que no son pocas), creo que me voy a hacer el curso de buceo, ¿no? En GISED, por supuesto. El buceo me ha dado mucho y ya es hora de que yo se lo devuelva.

Los 80.000 millones de metros obstáculos

Sí, ya. Lo sé, lo sé. Demasiado tiempo sin escribir… Bueno, como sabéis, a menudo hay que preguntarse: ¿la traducción (o el blog, qué más da) o la vida? Y en verano, señores, gana la vida. Una intenta no descuidar los mínimos, pero todos los pluses pasan a un segundo plano, ecilpsados por la playa, los chiringuitos, los amigos que vienen de fuera… Pero en fin, a lo que vamos.

Como sabéis, os prometí unas cuantas reflexiones sobre la universidad, la educación en general, etc. Las he escrito pero, con la que está cayendo (y no me refiero al calor), me han quedado muy pesimistas y quejicosas. Y no me gustan. Así que las reescribiré hasta que tengan el tono que tienen que tener: reflexivo y esperanzador, pero sin derrotismos. Recemos por que algún día se den las condiciones para ello… Mientras tanto, me veo en la obligación de seguir compartiendo con vosotros mis vivencias como traductora autónoma.

La última ha sido una valla más en una laaaaaarga carrera de obstáculos (todo el día con las olimpiadas en la tele, pues qué metáforas me van a salir…). En esta valla, he tropezado: una PRUEBA DE TRADUCCIÓN… (insertar grito de terror).

Dejando al margen que las pruebas pueden utilizarse para completar traducciones sin pagar un duro o que pueden servir para recopilar buenas traducciones para un fragmento que no se termina de ver claro, las pruebas de traducción son el día a día del traductor autónomo, siempre en busca de nuevos clientes…

Yo ya llevo unas cuantas a mis espaldas pero, antes de eso, pensaba que eran una tontería para una traductora mega-pro como yo (sí, hay que dorarse la píldora un poco delante del espejo) y que no tendría ningún problema en superarlas. Sin embargo, ya van un par que me echan para atrás: una fue por un error en los formatos de los archivos —así que esa cuenta, pero en otro apartado— y el resto porque, supuestamente, no llegaba al mínimo de calidad requerido. ¿Cómooooooo? ¿Que yo no llego al mínimo y luego me encuentro por ahí las traducciones que me encuentro??? Bah, no importa: NO ME MERECEN.

Sin embargo, la última de esas me llegó al alma. Era un cliente importante (como si alguno no lo fuera…) y puse toooooda la carne en el asador para hacer la mejor de todas las traducciones posibles, que no es que no lo haga siempre pero, vamos, que le puse un interés especial. Cuál fue mi sorpresa cuando la constestación que recibí fue:

bla bla bla, pero no cumples con nuestro estándar de calidad.

Exploté: no soy buena traductora, no valgo para esto, me cojo un vuelo y me monto un chiringuito en el Caribe… ya sabéis. Cuando me recompuse, hablé con la agencia y les pedí que, por favor, me mandaran el texto corregido, porque no entendía el motivo de su negativa. Muy amables, me lo enviaron.

Bien, mi conclusión es que o bien soy una ególatra insufrible y no sé reconocer mis errores, o bien soy un genio incomprendido, porque errores vi pero que muy pocos. Muy pocos, e incluso esos son discutibles. Vamos, que no son de esos que te hacen pensar que no quieres tener a esa traductora trabajando para ti, sino de esos que se corrigen con sólo decir:

Esto nos gusta más así, ¿de acuerdo?

Total, que ahora les voy a devolver todo el texto lleno de comentarios explicándoles por qué puse cada una de las cosas que puse. A ver si cambian de opinión. Y a partir de ahora, creo que voy a comentar todas mis pruebas de traducción, porque así no pierdo la oportunidad de explicarme. Esa ha sido la lección que he sacado de este obstáculo. ¿Creéis que es acertada? ¿Habéis tropeazdo alguna vez con una prueba de traducción? ¿Qué lecciones habéis sacado?

Por cierto, si estáis interesados/preocupados por el tema de las pruebas de traducción, no dejéis de leer los artículos de Oli Carreira (Checklist y Pulgarcito —absolutamente impresicindible), Pablo Muñoz (Un buen CV no lo es todo, Claves para una buena preparación y No pasar una prueba de traducción) y Ana Abad (La prueba de traducción), aunque seguro que hay muchos más artículo interesantes sobre estos (necesarios) obstáculos.

Crónica de una charla anunciada

Jejeje, no me he podido resistir… Es que queda tan rimbombante… Parece como si fuera importante de verdad. Bueno, igual, dentro de un tiempo, se aplican en la Universidad de Alicante las propuestas que hemos hecho en estas jornadas. Si eso es así, la importancia, no sólo de mi charla, sino de todas las que han tenido lugar en el marco de este seminario, será un hecho. Pero bueno, no voy a ponerme en ese caso, porque no sé si ocurrirá o no, sino que quiero explicaros mis sensaciones durante y después (las de antes las tenéis en esta entrada) de mi charla sobre las diferencias entre la universidad y el mundo laboral.

Para los que no estuvierais allí, os quería explicar que la organización decidió que las tres primeras ponentes (la profesora Chelo Vargas, la alumna Teresa Cucarella y yo misma) hiciéramos nuestras presentaciones seguidas y que luego hubiera un turno de preguntas común (para evitar la excesiva demora que hubo en otras sesiones). Los siguientes ponentes siguieron el mismo esquema. De esta forma, Teresa y yo estuvimos sentadas en la “mesa presidencial” desde el principio de la mañana, y no se hizo descanso entre las ponencias. Así os explicaréis que, después de hora y media, servidora tuviera que salir por patas antes de su propia intervención con el único objetivo de ir al baño.

Os juro que no me escapo, fueron mis palabras. Qué le vamos a hacer, la fisiología es la fisiología.

Quería en primer lugar comentaros brevemente sobre qué trataron las anteriores ponencias: Chelo Vargas explicó cómo funcionan las asignaturas que imparte en el master on-line de Traducción Institucional, y Teresa Cucarella dio una visión crítica sobre la asignatura de Traducción económica (lo de “crítica” iba en el título, porque ella aún es alumna de la asignatura y, como todos comprenderéis, no hizo comentarios negativos).

Y después de mi escapada al excusado, entro en escena yo, con la voz algo entrecortada por la mini-carrera y con muchas ganas de decir las cosas como las pienso. Os dejo los enlaces a los vídeos de YouTube (está en dos partes) para que, si os apetece, lo veáis tranquilamente:

Primera parte

Segunda parte

Durante toda mi intervención, me sentí muy cómoda, la verdad, aun con la cámara grabando, que suele imponer bastante (era muy pequeñita, pero graba igual). Expliqué las cosas que creo que son estupendas, y las que creo que pueden  mejorarse… qué narices, ved el video, que con lo que me ha costado que aparezca superpuesta la presentación de Power Point, ya puede verlo gente, ya… En serio, creo que si os interesa el tema, va a ser mucho más grato que leerlo.

El turno de preguntas fue mucho más breve de lo habitual, y la mayoría de las preguntas dirigidas a mí fueron para felicitarme y hacer algún comentario, como que los profesores de las asignaturas como “Teoría y práctica de la traducción” no pueden hacerlo mucho mejor de lo que lo hacen, porque la asignatura en sí es muy pesada (lo suscribo). Todo el mundo encantador. Y yo, en una nube.

También hubo preguntas para Chelo, una de ellas relacionada con el tiempo que se pierde en hacer memorias de traducción cuando el original viene en papel. Quisiera comentar, sobre este punto, que creo que no es en absoluto un gasto de tiempo, sino una inversión, puesto que digitalizando los textos (sobre todo si son del mismo ámbito) y creando memorias de traducción a partir de ellos, se ahorra muchísimo tiempo en traducciones posteriores. Sinceramente, entiendo que nos lo planteemos, pero creo que la conclusión a la que todos deberíamos llegar es que sí merece la pena. De hecho, recuerdo lo que pensaba yo misma en la carrera:

¿Pero para qué quiero tener segmentos guardados si luego no se van a repetir exactamente igual nunca?

¡Ja! Ahora entiendo que, en primer lugar, sí que suelen repetirse segmentos, sobre todo en textos técnicos y jurídicos (certificados, etc., que son los que más habitualmente se traducen), ya que estos últimos mantienen una estructura muy similar, si no idéntica, cambiando sólo los datos personales, la fecha, etc. y, en segundo lugar, que las memorias de traducción no sólo son útiles cuando los segmentos se repiten exactamente, si no cuando son parecidos, o cuando queremos buscar de una forma rápida un texto que nos pueda ayudar, aunque no sea estrictamente una traducción.

Tener la documentación en papel ocupa sitio, coge polvo, y encontrar algo en ella es costoso en tiempo. Cuanto más podamos digitalizar, mejor, lo que no quita que trabajemos en papel, por ejemplo, para revisar, como también se comentó en el turno de preguntas, porque no se ven las cosas igual en papel que en la pantalla. Sin embargo, aunque hagamos la revisión en papel, la tendremos que trasladar posteriormente a formato digital.

El papel es imprescindible, y los libros, un tesoro, pero la manera de almacenar datos debe ser (y es) cada vez más digital.

No nos resistamos al progreso, o nos pillará desprevenidos cuando ya no tengamos la opción de quedarnos atrás.

Toma, qué bien me ha quedado.

Una charla, mil reflexiones

Siguiendo la estela de Cristina Aroutiounova y Rai Rizo, el próximo miércoles 23 de Mayo (a las 12 de la mañana, para más señas) voy a tener el privilegio de dar una pequeña charla en la Universidad de Alicante sobre las diferencias entre la carrera de Traducción e Interpretación y el mundo laboral. El título es Práctica profesional y docente: una visión de contraste, y se enmarca en el Seminario sobre traducción e interpretación económica e institucional: docencia, investigación y profesión.

La verdad es que me sorprendió mucho que contaran conmigo para estas charlas, pues no fui una alumna destacada ni modélica (tampoco es que fuera mala, entendedme, pero digamos que me lo pasaba bien en la universidad) y tampoco ahora soy una reconocida traductora, ni especialmente visible en la red. Así que, oye, gratitud.

Sin embargo, sí creo que puedo aportar muchas ideas sobre el tema de mi charla. El problema es que sólo me han dado 30 minutos, con lo que las infinitas reflexiones que me han venido a la cabeza preparando la presentación las tendré que dejar para este humilde blog. Pero eso no me apena en absoluto, amados lectores, pues me da la oportunidad de explayarme todo lo que me dé la gana (y que cada uno deje de leer cuando le apetezca), cosa que me trae de cabeza en la preparación de mi intervención pues, como bien sabéis los que me conocéis o habéis leído algún artículo de este blog, hablo por los codos. Y tengo un defecto/virtud que me persigue allá donde voy, y es que, al planteárseme un problema, intento llegar, en la medida que mi inteligencia y conocimiento del mundo me permiten, a la mismísima raíz del susodicho problema. Claro, esto implica hablar (o escribir) mucho.

En este caso, el problema que se me plantea es por qué hay una diferencia entre lo que aprendemos o practicamos en la universidad y lo que luego necesitamos (o creemos que necesitamos) en el mundo laboral. Y, como os adelantaba en el título, este problema (o bueno, esta situación, si queréis) me ha llevado a plantearme muchas cosas, desde la organización de la Universidad de Alicante en particular y los problemas específicos a los que se enfrenta, a la situación de la Universidad española en general, pasando por el sistema educativo en su conjunto o la abrumadora tasa de paro juvenil (del 50%, como sabéis) y sus causas.

Como véis, no me conformo con reflexionar acerca de lo que se me plantea, sino que voy muuuuucho (igual demasiado…) más allá en sus causas y, espero, en sus soluciones o mejoras. No voy a tocar ninguno de estos temas en mi charla del miércoles (salvo que me lo pidan los asistentes), pero espero que futuras entradas de La traducción o la vida puedan ayudar a entender y solucionar un inconveniente (la brecha entre las univesidades y el mundo laboral) que creo que está causando otros muchos y muy graves problemas.

Me encantaría que, si estáis por Alicante el miércoles, os pasárais por la Facultad de Filosofía y Letras de la UA. Si no tenéis la oportunidad, espero que os paséis por aquí y vayáis leyendo mis reflexiones y el resumen que haré (como es de rigor) de la charla en sí. También agradeceré, como siempre, que compartáis vuestras experiencias y vivencias, y si para vosotros hubo un cambio importante entre la universidad y el mundo laboral, si tenéis sugerencias que hacer a la universidad, etc. De hecho, si me caben, las incluiré en la presentación (con vuestro nombre, ¿eh?), que todas las aportaciones son pocas cuando se trata de cambiar el mundo.

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